Intercambio de saberes en la cuenca del Biobío

Primer Encuentro de Fundación Ngenko



En medio de la pandemia y con una ola de frío que marcaba temperaturas bajo cero, se desarrolló el primer encuentro del equipo de Fundación Ngenko.


Lo que surgió como un sueño, se materializaba y comenzaba a tomar forma. Si bien la Fundación se constituyó como tal en septiembre de 2020, era la primera vez que todo el equipo se reunía por primera vez de forma presencial. Cada nombre, detrás de las reuniones virtuales, ahora tenía un rostro. De ciudades, profesiones y realidades distintas, habían llegado hasta Alto Biobío con un objetivo en común, que esta vez los reunía alrededor de un fogón dentro de una Ruka: el cuidado del medioambiente y protección de la naturaleza.


La gran mayoría nunca había estado en Alto Biobío, y a pesar de conocer parte de la historia del lugar y los conflictos socio-ambientales de la cuenca, no habían podido presenciar la magnitud de las construcciones hidroeléctricas de Ralco, Pangue y Angostura. Ni habían podido conversar con las personas del lugar sobre el daño que había provocado en los ecosistemas y las comunidades del territorio estos proyectos. En sus días en la zona, compartieron con distintas familias del pewenches, organizaciones y emprendedores locales, quienes les contaron sobre la cosmovisión mapuche y su cultura, desde lo cotidiano, a lo más complejo. Esta sin duda fue una oportunidad enriquecedora, que les permitió conocer de primera fuente, su visión de los problemas socioambientales, y cómo ven la problemática e intento de recuperación de las tierras, que ancestralmente le pertenecían a sus comunidades.

Todo partió en Alto Biobío



Pía Weber, Nicole Mansuy y Germán Weber, el equipo que inicialmente conformó la Fundación, en una de las reuniones online, recordaban lo importante que había sido para ellos, su primera participación como organización ambiental en el VI encuentro de la Red de Ríos Libres, en marzo de 2019, también el Alto Biobío.


“Para nosotros fue súper potente conocer la historia de la resistencia a las represas y escuchar desde sus protagonistas lo que significó el proceso de relocalización que tuvieron que vivir, algunos no sólo una vez, sino que hasta dos veces. Observarlas con nuestros propios ojos y aprender lo qué significa para la gente del territorio convivir con una represa y con las constantes amenazas a las que se enfrentan debido a nuevos proyectos extractivistas que buscan instalarse en la zona. Todo eso nos marcó y nos motivó a avanzar en la creación de la Fundación”, recuerda Pía al preguntarle cómo surgió la idea de este encuentro. Mencionaba que fue importante estar en el territorio, y además estar compartiendo con diferentes organizaciones ambientales que, a lo largo de todo Chile, se enfrentaban a los mismos problemas en torno a las actividades relacionadas con hidroeléctricas; monocultivos; pisciculturas, por mencionar algunos. Destacando la importancia de la colaboración entre quienes trabajan por objetivos similares. Además, en marzo de este año los tres habían participado en el programa de Formación de Líderes Ambientales para la Conservación del río Queuco, donde pudieron remar en balsa el río Biobío desde su nacientes hasta el embalse Ralco, entre muchas otras actividades vinculadas a la educación ambiental y la protección de la naturaleza. Todas estas experiencias, los llevaron a la conclusión de que Alto Biobío tenía una historia importante que contar y además había sido relevante en el proceso de formación de la fundación, y de cómo se habían ido organizando, y era hora de poder transmitir estas experiencias.


Es así como gracias al apoyo de Geoturismo Chile, se gestó el primer encuentro de Fundación Ngenko. Para Pía, Nicole y Germán, la realización de este encuentro era fundamental “las ganas de conocernos, de compartir, y avanzar en los objetivos de la fundación estaban presente, pero además, de poder hacerlo en uno de los territorios que está marcado por unos de los conflictos socioambientales más grandes de Chile, nos daba la certeza de que marcaría un antes y un después en el equipo”.

Y así fue.

Remando y recorriendo el histórico Biobío


El río Biobío es impactante por sí sólo. La fuerza de sus aguas, el caudal y la cuenca que lo cobija son imposibles que pasen inadvertidas. Pero igual de impactantes son las tres represas que conocimos, Pangue, Ralco y Angostura. Impacta la altura de sus muros, la cantidad de agua que contiene, y todo lo que se destruyó para abrirles paso. Se traicionaron las confianzas y se tomaron decisiones sin involucrar a todos los actores y sin transparentar el enorme daño ambiental y social que podría significar esta intervención, y que aún sigue latente.

Justamente esta fue una de las actividades que la Fundación desarrolló con los 15 voluntarios que asistieron. Visitar las represas, revisar la historia de la institucionalidad ambiental que se gestaba con la nueva ley de bases del medio ambiente (1994), entre la construcción de Pangue y Ralco, conocer cómo funciona una hidroeléctrica y la diferencia entre una central de embalse y una de paso, entre otros temas. Lo mismo que sorprendió a Pía, Nicole y Germán, en el encuentro de la red de Ríos Libres en marzo de 2019, ahora marcaba a todo un equipo. La inundación de más de 22.000 hectáreas de territorio ancestral pewenche, entre ellos el cementerio pewenche de Quepuca-Ralco, el río Pinca y Estero Lepoy, la reubicación forzada de comunidades, y por supuesto, el daño ambiental irreparable.

Según escucharon de miembros de las comunidades, Endesa habría abusado del analfabetismo del pueblo pewenche, ya que no incorporó toda la información en los contratos con las comunidades, entre muchos otros abusos.

Finalmente, la relocalización de las familias afectadas los ubicó en predios separados por más de 15 km entre sí y en tierras de baja calidad productiva. El nuevo estilo de vida al que se vieron forzados los obligó a abandonar tradiciones como las veranadas e invernadas, con las que rotaban el uso de la tierra acorde con los tiempos de ésta, lo cual perjudicó sus actividades agrícolas y ganaderas.

Pero quizás para ellos el quiebre en la conexión espiritual de las comunidades con la Ñuke Mapu (Madre Tierra), ha sido aún más doloroso y dañino que las propias pérdidas materiales. A ello se suma el descontento por la falta de visión y comprensión en lo que se requiere para restaurar las confianzas y avanzar en un desarrollo que sea acorde con sus necesidades e intereses.

Habiéndose empapado el equipo de la historia del lugar , era hora de recorrer el río, pero esta vez por el agua.

A pesar de las bajísimas temperaturas matutinas, los acompañó un día completamente soleado. Con Geoturismo Chile, pudieron bajar una sección del río Biobío en rafting, y sentir la potencia del agua, donde en cada balsa era fundamental el trabajo en equipo para salir airosos de esta aventura. “Los guías que bajaron con cada uno de los tres grupos que conformamos, además de darnos las instrucciones precisas para el descenso, nos iban contando distintas características del río, de las montañas, y todo lo que observábamos, además de contarnos sobre sus historias y experiencias en el lugar. Fue una experiencia increíble y emocionante”, comenta el equipo.

Fernanda Purrán, miembro del colectivo de rafting femenino Malen Leubü, y una de las guías de rafting del descenso, les contó sobre el equipo de rafting que conformaron, sus objetivos al crear esta organización y cómo trabajan para manifestarse a través del deporte, para que los ríos sigan fluyendo libres y salvajes.

El lenguaje y sonido de la naturaleza


Tuvieron la oportunidad de visitar la comunidad de Pitril, donde compartieron con Héctor Vita, su madre Guadalupe Córdoba y su padre, Pablo Vita.


Ellos les contaron sobre la naturaleza, que posee sus propios dueños o protectores espirituales. En mapudungún, Ngen hace referencia a un espíritu protector o dueño y Ko significa agua. Para el pueblo Mapuche, en el agua (ngen-ko), en la tierra (ngen-mapu), en el cerro o volcán (ngen-winkul), en el bosque nativo (ngen-mawida) -entre muchos otros-, habitan espíritus que forman parte fundamental de su cosmovisión y espiritualidad. Los Ngen cuidan por el equilibrio y preservación de su elemento. Así, cuando se quiere hacer cualquier uso de la naturaleza, se debe pedir permiso al Ngen, manifestando el propósito que se busca. Cuando el lugar sufre de explotación e intervenciones, los Ngen abandonan el lugar, y por ende el lugar queda desprotegido.


Héctor, es el creador de Ruta Pewenche, un emprendimiento que mezcla el turismo con la cultura Mapuche, que permite vivir la experiencia de compartir momentos de su vida cotidiana e intercambiar una buena conversación, siempre alrededor del fogón.


Para Héctor, ver el interés del grupo en conocer más de su cultura, le hizo recordar su propia infancia, “las preguntas que hicieron todos, fueron las mismas que nosotros les hacíamos a nuestros papás cuando chicos. Estoy muy feliz de que haya gente interesada en nuestra cultura, y que le dé el valor que nosotros le tenemos a nuestros ngenes, a los espíritus de la naturaleza que viven y están siempre con nosotros”, señaló.


Luego, Héctor los guió por un trekking rumbo a Ruka Manke. Para los voluntarios, caminar entre arrayanes, robles y raulíes, y con una vista a cumbres nevadas con araucarias, les parecía sentir que el paisaje les hablaba. Llegaron a un bosque de coigües, según describen, realmente mágico. Atravesado por un riachuelo, donde el sonido de la naturaleza, los colores y el paisaje realmente les hicieron sentir esa conexión espiritual con la tierra.

Tradiciones de voces ancestrales



Así como Guadalupe les contó de las distintas tradiciones que tenía la mujer pewenche en su cultura, les mostró cómo hacía las tortillas que más tarde pudieron disfrutar y su hermoso trabajo en lana con tintes naturales.


También pudieron visitar a la ñaña Ana, en la intimidad de su ruka. Ella fue una de las opositoras a la construcción de las represas, y aún conserva una forma “antigua” de vivir, por negarse a que Endesa atravesara sus tierras con postes para la electrificación del sector. Mientras algunos realizaban labores de limpieza alrededor de su ruka, varios voluntarios se turnaban para poder conversar con ella, y que les contara su experiencia de vida y su relación con la tierra. Trabajó lejos de Alto Biobío por 20 años, hasta que el conflicto en el que se vio involucrada su comunidad, la hizo regresar.


La generosidad con que los acogió en su espacio, la disposición para responder las preguntas sobre distintos temas, e incluso su invitación a volver y alojarlos en su ruka, son gestos que hicieron que el día terminara con una linda sensación de respeto y cariño por lo vivido.


Un encuentro que cambió percepciones



Este encuentro respondió a múltiples necesidades. A la necesidad de cada uno de conectar con la naturaleza después de tantos meses de encierro. La necesidad de conocer al resto del equipo y saber con quiénes trabajarían en este objetivo común. Y también, a la necesidad de crear espacios de conversación y aprendizaje sobre la cosmovisión de los pueblos originarios de nuestro país, en torno a la naturaleza, el agua y otras formas de habitar el territorio, buscando generar puentes entre las diferentes culturas.


La Fundación sin duda, le ha dado al equipo la oportunidad de conocer otras historias y perspectivas del conflicto socio ambiental y permitirles con sus experiencias, oficios y profesiones avanzar hacia una nueva forma de trabajar y colaborar. Ciertamente la solución no es mágica, pero el valor de la educación ambiental, el valor de estar en los territorios y hablar con los protagonistas de los conflictos, o emprendimientos que buscan formas diferentes de desarrollo, ciertamente son una inspiración y una forma de cuestionarnos lo que hemos aprendido hasta hoy.




Gracias a Geoturismo Chile que permitió que desarrolláramos todas las actividades de forma segura y responsable.

Empresa enfocada en el desarrollo responsable del turismo geológico, proyectos de ciencia comunitaria, protección ambiental y logística en expediciones.


www.geoturismochile.cl


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